Un blog más en el ciberespacio… ¿Por qué?… No lo sé. Solamente puedo decir que no encontrareis recetas de cocina, ni cómo mejorar vuestros conocimientos informáticos, ni consejos de estilo y belleza, ni un diario íntimo, ni explicaciones históricas o políticas, ni aventuras sexuales escabrosas, ni disertaciones sobre literatura, series o aquello que os pueda interesar… O tal vez si…

Mi profesión me obliga a utilizar una herramienta muy poderosa: la observación. De hecho, me encanta fijarme en cosas. Recopilo detalles sobre hechos aparentemente sin importancia  pero que en ese preciso momento me seducen. Es sorprendente en una persona especialmente despistada como yo (quien me conoce personalmente lo puede corroborar)… O, quizás, ¿mis distracciones son provocadas por el desmedido interés hacia asuntos que no deberían ocupar mi atención?   

Por otro lado, confieso que siempre he pecado de una exagerada prudencia a la hora de pronunciarme en público. Pienso quince veces lo que voy a publicar en las redes sociales. Pero hay un pensamiento que aparece cuando menos me lo espero: “Y si dijera todo lo que pienso…” y, automáticamente, me respondo: “Nada, no pasaría nada”.

Así que tengo el orgullo de presentar mi blog. Mi espacio personal para compartir mis experiencias. No penséis que cada entrada que publique este basada al cien por cien en hechos reales. Me gustan demasiado las fábulas como para dejar escarpar la oportunidad de crearlas. Os prometo ironía y sentido del humor. Siempre he creído que el drama estaba sobrevalorado. Eso sí, quien sea perspicaz y lea entre líneas descubrirá mi particular y nada importante visión del mundo.

Me llamo Màrius Hernández y soy actor. Durante más de veinte años he combinado esta fantástica profesión con la docencia y con la participación y creación de proyectos en el ámbito cultural. También he desarrollado tareas de dirección escénica y, en los últimos años, he hecho mis primeras incursiones en la escritura teatral.

Más allá de mi trabajo dedico algunos ratos de mi tiempo libre a bailar swing, al submarinismo, a mis amigos, a las exposiciones de arte y, cuando la economía me lo permite, a viajar. Soy un obsesivo de la lectura y un apasionado de los temas sociales y antropológicos. Mi pequeño vicio confesable: los parques temáticos.

Sobre els models de conducta