Closing Doors

Toda mi vida he tenido la inclinación natural de conocer gente con particularidades muy especiales. No me refiero al físico (¡que también!) sino a vidas poco convencionales. Desde pequeño, y provocando una cierta preocupación a mi padre, he tenido la tendencia a atraer personas con circunstancias o costumbres poco habituales. Desconozco los motivos. De hecho, no me importan. Creo que no tienen relevancia. Lo único que sé es que esto me ha servido para ampliar mi abanico de anécdotas.

Mi intención, en aquella cena, no era escandalizar. La cita trimestral con mis compañeros de mi época universitaria sería reveladora, incluso sorprendente. La vida nos había llevado por distintos caminos. La presión de la cotidianidad nos ha convertido en viejos desconocidos, sustituyendo lo que compartíamos por una visión del mundo que nos provoca una mayor distancia. Si mantenemos las cenas es para no perder el contacto  y por la estima que nos tenemos, a pesar de todo.

Una vez sentados en la mesa de nuestro restaurante habitual, siempre se reproducen los mismos temas de conversación:

  1. Entre diez y veinte minutos para hablar de nuestros éxitos o fracasos laborales incluyendo una pequeña crítica a nuestros jefes o, en su defecto, a quien nos paga.
  2. Noticias sobre otros compañeros de universidad con quien no mantenemos contacto habitualmente pero que nos encontramos por casualidad o leemos alguna novedad en sus redes sociales. Son muy agradecidas las informaciones relacionadas con las separaciones. Nos da pie a criticar el comportamiento de nuestro conocido y recordar su currículo amoroso en los años de estudiante. Es especialmente jugoso cuando dicha persona había mantenido algún affaire con alguno de los presentes en la cena. Este momento de la conversación puede ocupar el primero y segundo plato.
  3. Listado de historias vividas. Siempre salen las mismas y siempre reímos en los mismos puntos. Al principio de nuestras reuniones, venían nuestras parejas, ahora ya no quieren saber nada. Seguramente porque ya no les hacen gracia nuestros aventis. Por cierto, ningún  hombre presente en la cena ha hecho la mili.
  4. El mundo. Reflexión etílica de la realidad socio-política de nuestro entorno. Y aquí empieza el problema…

Ante la globalización, la era de la información y los cambios sociales, lo que es diferente a nosotros nos da miedo. Ser políticamente correctos nos ha obligado a aceptarlo todo sin reflexión ni sentido del humor. Y si no lo aceptamos, lo disimulamos. Y disimular es mucho peor que no entenderlo, ya que se entran en contradicciones francamente cómicas.

Todos somos tan abiertos de miras que utilizamos frases tan absurdas como:

  • “Tengo un amigo magrebí, muy buen tío…”
  • “Mis vecinos son gais, muy simpáticos, no traen problemas…”
  • “Conozco a una lesbiana muy femenina…”
  • “Mi prima es rubia y abogada…”
  • “(Nombre) es carne de gimnasio pero también es persona…”

Y podría añadir muchas más.

Durante la última cena, mientras repasábamos diferentes temas de actualidad, y después de comentar el  muestrario de amigos y conocidos de diferentes países extracomunitarios, identidades sexuales varias, disminuciones psíquicas y físicas… dejé caer la bomba: “Tengo un amigo que es actor porno-gay”. Silencio. “Es senegalés”. Silencio. “Se ve que en Senegal hay algunas productoras de cine para adultos de temática homosexual muy importantes”, añadí. Silencio. “Está preocupado por mantenerse dentro del mercado, cada vez exigen más compromiso físico por un precio más bajo. Por detrás, hay muchos aspirantes dispuestos a hacer verdaderas animaladas por muy poco dinero”. Silencio. “Ahora se ha instalado en Barcelona para abrirse mercado con las productoras europeas pero tiene ganas de dar el salto a Estados Unidos.” Silencio. “Se ve que es un fenómeno. La tiene muy grande”.

Sara inició la ronda de preguntas (Lo reproduzco en forma de escena teatral):

SARA.- ¿Cómo lo conociste?

YO.- Por casualidad, me lo presentaron en el bar dónde desayuno habitualmente.

MARC.- Pero… ¿Por qué te lo presentaron?

YO.-  Pues… El propietario del bar que me conoce desde hace tiempo me dijo: “Mira, tú y él os dedicáis a lo mismo”

MARTA.- (Con unas cuantas copas de más) ¿Tú también haces porno?

YO.- No,  se refería a que los dos nos dedicamos al mundo del espectáculo.

ANNA.-  Es un trabajo denigrante.

RICARD.- Yo no lo veo así… Si él quiere y nadie le obliga…

ANNA.- A nadie le gusta cobrar por tener sexo. Es vejatorio.

YO.- Modou me di…

ANNA.-  ¿Quién?

YO.- El actor…  Me dijo que le encanta el sexo. Muchas veces, después de las horas de rodaje, si no  ha quedado satisfecho, busca a alguien para acabar la faena.

ANNA.- Es el vicio por el vicio. Suerte que es marica.

YO.- No del todo. Bisexual. También le encantan las mujeres. Lo que pasa que se gana mejor la vida participando en películas de temática homosexual… Tiene cierta fama…

SARA.-  A ver, no entiendo nada. ¿Cómo puede ser que en Senegal haya importantes productoras de cine porno gay si la homosexualidad está perseguida por la ley?

YO.- Ni idea.

SARA.- Nos estás tomando el pelo.

YO.- ¡No, en serio!

MARC.- ¡Pues te lo tomaron a ti!

RICARD.- Seguro que  te gastaron una broma…

YO.- No. Lo busqué en internet. Y vi fotografías y carteles de sus películas…

Silencio

ANNA.- Esto define perfectamente lo que pasa en África.

LOS OTROS.- ????

ANNA.- Gente obligada a hacer actos denigrantes para sobrevivir. Mientras que la sociedad occidental sólo se dedica a consumir productos que son  fruto de cualquier tipo de explotación…

YO.- A mí no me pareció que lo viviera mal. De hecho, por lo que sé, viene de una familia adinerada de Dakar. Estudió en la universidad, en Francia,  y después hizo un master en Inglaterra. Escogió esta profesión por sus atributos y, también, un poco por curiosidad…

ANNA.- Peor me lo pones… Escoger el mercado sexual es participar de…

MARTA.- (Con más copas encima)  ¡Te puedes callar, pesada! Yo también he hecho una película porno. Amateur. Con un ex… Y ganamos  600 euros cada uno, mejor dicho, 100.000 pesetas… Fue antes del euro. Y no me considero ninguna esclava sexual. Me lo pasé muy bien. Me dio mucho morbo. Ya sabéis que no tengo pareja y me permito el  lujo de tirarme a quien me da la gana. Y elijo yo. Es mi poder…

ANNA.- Participas de un juego machista donde te hacen creer…

MARTA.-  ¡Que te calles, coño! Lo que intento decir es… ¡Un brindis por Mufasa!

RICARD.- ¿Por quién?

MARC.- Mufasa. Es el padre de Simba en el “Rey León”.  Mis hijos me la han hecho ver quince mil veces…

MARTA.-  Noooo, es el negro de la tranca

YO.- ¡Modou, se llama Modou!

MARTA.- (Levantando una copa) ¡Por el negro de la tranca que se llama Modou! (Bebe) Y ahora os dejo. Me he puesto caliente con esta historia. Me voy a ligar…

RICARD.- Si  quieres…

MARTA.- Ni lo insinúes.  Me voy. Hasta dentro de tres meses…

El resto vimos como Marta se iba, en silencio, después de su gran revelación. Nos despedimos sin hacer ningún comentario al respecto, pero reconozco que me hizo quererla un poco más, convirtiéndose en mi preferida del grupo. También confieso que no me hubiera imaginado nunca la libertad con que vive su sexualidad. Reconozco que me enternece descubrir intimidades de las personas que las hacen un poco más humanas. Y además, ahora ya puedo decir que tengo un amigo actor porno-gay y una amiga que ha hecho porno amateur.

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